El Aneurol

navidades 2015

Hay un recuerdo de mi infancia que este año 2015 he evocado varias veces y es el de mi madre preparándolo todo para que cuando mi padre llegase del trabajo, siempre tarde, tuviese todo listo para tomarse una cena sencilla -mi padre siempre cena poquito- delante de la televisión, mientras algún programa le distraía de los problemas del día.

Recuerdo muy vivamente un día en el que a última hora, mi madre se dio cuenta que faltaba uno de los ingredientes de aquella sencilla cena que nunca, nunca, podía faltar: una pastilla pequeñita blanca y redondita llamada “Aneurol”. Ya era tarde y las tiendas estaban cerrando, aún faltaba un buen rato para que mi padre viniese, pero si no conseguía llegar a la farmacia a tiempo y hacerse con el pequeño bote azul y blanco que contenía esas pastillas, la noche no iba a ir bien.

El Aneurol es una medicina que contiene Diazepan y que es principalmente un ansiolítico y relajante muscular. Resulta que mi padre llevaba años tomando esas pastillas. Se había habituado a ellas ya que, como dice su prospecto:

“El tratamiento con benzodiazepinas puede provocar el desarrollo de dependencia física y psíquica. El riesgo de dependencia se incrementa con la dosis y duración del tratamiento”

Así que mi padre, a lo largo de esos muchos años de automedicación, había generado una dependencia de aquella pastilla blanca que ya no le hacía ningún efecto y que en vez de quitarle ansiedad a él, podía poner a mi madre en un estado de máxima actividad y conseguir que se desdoblase como las mujeres logran hacerlo y, mientras una se quedaba en casa dándole la vuelta al boquerón frito, la otra cogía el bolso y se iba corriendo a la farmacia a que Purita, la farmacéutica, le abra la persiana y le vendiese las dichosas pastillas.

Solo muchos años después, Mariam, casi al principio de nuestro noviazgo, consiguió deshabituarlo poco a poco hasta que dejó de tomarlo completamente, logrando con ello su primero gran milagro médico familiar.

Y es que mi padre era empresario. Y ser empresario es lo que tiene, que cuando todos los demás pueden irse a su casa a olvidarse de los problemas, tu tienes que metértelos en el bolsillo de la chaqueta, llevártelos a casa y tratar de solucionarlos para que cuando a la mañana siguiente todo vuelva a empezar, se encuentren con que ya son menos problema o simplemente, ya están arreglados.

Este año 2015 ha sido para mi una cata de esta situación. A principios del año decidí participar como socio en la creación de una Empresa de Base Tecnológica que es así como se llaman a las empresas nacidas dentro de la universidad que tratan de sacar partido de productos o servicios surgidos de la investigación científica que los docentes realizamos.

Las razones que me llevaron a esta decisión fueron varias pero destaco una: creo que para hablar con un poco de conocimiento de causa sobre una cosa hay que haberla experimentado de cerca. Aunque siempre he estado metido en proyectos nuevos, mis raíces familiares están en el mundo de la empresa e incluso he tenido mis cinco años de experiencia en el sector privado fuera de la universidad, para poder hablar de emprendimiento creí necesario que yo también pasase por el “via crucis” correspondiente.

Además, esta empresa me ha permitido articular más rápidamente y con mucha menos burocracia algunos de los proyectos en los que ando metido. Principalmente la consultoría educativa y el soporte técnico a alguno de los proyectos de cursos on-line más importantes de España y hasta de Europa.

Y no ha sido fácil. No he llegado a tomar Aneurol, pero casi me hago adicto a la valeriana. Si no hubiese sido por el apoyo directo de Mariam, mis compañeros de empresa: Juan Carlos y Manolo y por el ejemplo de otros amigos como Andrés, Chimo y Diego y con la ayuda de los empleados de la empresa -unos más que otros-, esto no hubiese llegado hasta hoy. Algunas conversaciones con mi padre han sido muy reveladoras: ahora lo entiendo mucho más y aprecio mucho mejor las dificultades a las que se ha enfrentado a lo largo de su vida. No le llego ni a la altura del betún, pero me contenta saber que, aunque de lejos, me parezco a él.

La verdad es que creo que la experiencia ha valido la pena. No sólo parece que lo realizado supera todas las expectativas que había puestas para el primer año de la empresa sino que lo aprendido -y sufrido- me permite sentirme más capacitado para poder contarlo en mis clases. Ha sido muy duro y no han sido pocas las veces en las que casi tiro la toalla. Sin embargo, con algunas cicatrices, hemos llegado al final de año y el que viene promete bastante.

En otro orden de cosas, durante el 2015 dejé el cargo de Coordinador Académico del grado de Ingeniería Multimedia. Se trataba de que, a mi entender, el ciclo ya estaba completo. Presidí la comisión de elaboración del título, lo puse en marcha con el equipo de la Escuela Politécnica y sacamos a la calle a la primera promoción de graduados con éxito: la práctica totalidad de los alumnos que finalizaron en su momento tienen trabajo o, si no o tienen, es porque están cursando algún master. Y a veces, las dos cosas.

Sin embargo, casi seis años después, estaba cansado y necesitaba el tiempo para otras cosas, fundamentalmente sacar adelante mi doctorado y ocuparme un poco más de mi familia.

Así que dejé lo último que quedaba por hacer para mi sucesora en el cargo, o sea, la verificación del título por parte de la ANECA, que es quien se encarga de decir si el grado puede continuar o no, Hoy ya sabemos que el título ha sido verificado con nota, por lo que también podemos decir que Objetivo Conseguido.

El 2015 también ha sido el año en que he establecido la base de lo que va a ser mi tesis doctoral en el 2016. Ya tengo fecha de entrega y, he de decir que, por primera vez, tengo auténticas ganas de escribirla. Tengo el presentimiento de que lo que voy a escribir sí que va a tener significado y utilidad para otros y que cuando acabe, habrá merecido la pena. Me siento afortunado por ello.

En el ámbito familiar, el 2015 ha sido el año en que Mariam y yo celebramos nuestro 25 aniversario de casados con una gran fiesta. No voy a negar que la propia organización del evento ha sido una de las pruebas más duras que nuestro matrimonio ha superado pero fue un éxito, justo lo que queríamos, en su medida y en su efecto. Tuvo de todo: buena comida y bebida, momentos afectivos, baile y buena música. Y, sobre todo, buenos amigos compartiendo con nosotros un rato de felicidad.

También ha sido el año de reencuentros con viejos amigos, como los mencionados antes Chimo y Diego. ¡Qué curioso que la vida dé tantas vueltas sobre sí misma!. Buena gente y buenos momentos: la mejor combinación. Una nota de la que me alegré mucho: a mi viejo amigo Paco Sanguino, este año la fortuna le ha sonreído (Audentes fortuna iuvat) y la nueva corporación del Ayuntamiento de Alicante lo ha nombrado director del Teatro Principal. ¡No hay mejor persona para el puesto!

En cuanto a viajes, el año no ha sido muy exótico, pero no han faltado un par de vuelos de trabajo a Londres (nada que reseñar), Bruselas(tampoco), Bolonia (interesante), Poznan, en Polonia (¡allí volveré de vacaciones!) y una pequeña escapada para desconectar a Croacia, en concreto a Istria. ¡Eso sí que mereció la pena! Croacia me pareció lo que fue y podría seguir siendo nuestro Mediterráneo si no hubiese sucumbido al interés de unos pocos y a la desidia de todos los demás.

Para acabar: he de confesar que mi primera intención era condenar el 2015 a un “damnatio memoriae” como muchos otros años impares de mi vida, pasar página y olvidarlo. Pero, la verdad, tras escribir esto, creo que aún es posible que me reconcilie con él y que lo conserve en el calendario, entre el 2014 que fue un buen año y el 2016, que va a ser mejor. Creo que no me va a hacer falta el Aneurol…

Pedro

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