Los cincuenta y tres

Cincuenta y tres es un número que se usa poco. Nadie va al carnicero y pide “53 gramos de jamón york” ni “deme 53 huevos” que tampoco entiendo porqué van en docenas, si las gallinas no eran apóstoles, la semana no tiene doce días, ni el mes es divisible por doce. Tampoco puedes pedir “una talla 53” de pantalones porque suelen usar números pares y seguro que a más de a uno le costaría recordar su ordinal (“quincuagésimo tercero” por si te lo preguntas. Ya sabes que mi máxima es la de Saturnino Calleja: instruir deleitando”)

53 es un número que indica precisión. Decir “mide 53 centímetros” te deja en mejor lugar que decir “medio metro”. Pero cuando se trata de años, 53 es una cifra extraña. Pertenece a la banda de ladrones de “los cincuentaytantos” pero es un hermano pequeño. Y, como bandido, es uno de los que se ocupa de robarte la vista, el pelo, la agilidad… Más que robar, te va sisando, preparando el terreno a sus hermanos mayores. Así que mejor no esperemos mucho de él.

¿O si?

Los cincuenta y dos han sido un periodo interesante y tampoco parecía que iban a ser tan agitados. Ya sabéis que me gusta hacer listas, así que ahí va la de los 52:

-En lo profesional, culminar un trabajo que empezó hace 6 años cuando decidimos crear los estudios de Ingeniería Multimedia, de los que fui director hasta hace pocos meses, tras sacar a la calle la primera promoción con resultados laborales espectaculares y preparar la salida de la segunda promoción con las mismas expectativas. Dejarlo fue una decisión dolorosa, pero es bueno renovarse. El trabajo de levantarla ya está hecho: goza de buena salud a juzgar por los números de preinscripción y resultados académicos. Queda muchísimo por hacer, pero los cimientos son sólidos.

-También en lo profesional, pasar a jugar en ligas mayores, asociándose con Google en proyectos internacionales ha sido la experiencia más fuerte del año. Participar junto con alguna de las empresas más importantes del mundo. -sí, del mundo. Google no se la juega con cualquiera- en proyectos de alcance continental obliga a cambiar mucho los métodos de trabajo. Tu aval es la eficiencia y la eficacia, la calidad de tu equipo y la rapidez de trabajo. Todo esto muy apreciado por esta empresa. Pero el desarrollo de proyectos como el que menciono te obliga a lo mismo a lo que obliga a las grandes: un esfuerzo organizacional impresionante. Y ha ido bien, pronto veréis los resultados y sabréis qué digo.

-Relacionado indirectamente con lo anterior está el tema de mi doctorado. Posiblemente porque mis ideas han sido apreciadas por gente a la que respeto y de la que valoro mucho su opinion o, simplemente porque ya ha llegado el momento, tengo ganas de contar algunas de las cosas que sé acerca de la enseñanza y de Internet. No son las obvias que se llevan diciendo desde hace años. Siento que son nuevas y que merecen el calificativo de “tesis” así que sí, señores y señoras, los 53 van a ser el “año del doctorado”

-En lo personal: he viajado algo: por supuesto por España: Santander, Girona, Tarragona… (Madrid no lo cuento porque es como coger el metro) y un poco más lejos, a Berlín, Shanghai, Bruselas, Padua… Casi siempre de trabajo, pero tratando de ver algo más allá de las pizarras y memorandos…

-He aprendido a diseñar e imprimir en 3d. Es una experiencia recomendable eso de dibujar algo en tu ordenador y acabar teniéndolo en la mano al cabo de un tiempo…

-En lo familiar: 52 ha sido el año de mi 25 aniversario de casado con Mariam. Los dos números hacen un bonito capicúa. Y lo celebramos por todo lo alto. Los amigos que vinieron a la fiesta, multitud, nos hicieron sentirnos queridos y apreciados. Y Mariam, que ha tenido el auténtico merito de aguantarme esos 25 años, sigue siendo la mejor…

Así que los cincuenta y tres no comienza nada mal. Con mucho calor, eso sí, pero me encanta que mi cumpleaños sea en verano, con más horas de luz de lo habitual y con la sensación de que las vacaciones están ahí, a la vuelta de la esquina.

Cuando era pequeño, eran como la continuación de la fiesta. A ver si rescato eso y, aunque lo de vacaciones ya no sea más que una forma de llamar a trabajar sin ir a la oficina, me hago la ilusión…

Así que gracias a todos los que estáis teniendo el detalle de felicitarme. Significa que, aunque sólo sea mientras haces click, por un momento has pensado en mi. Me reconforta y me hace sentir el calor ese tan necesario y que no te hace sudar sino sonreír. Gracias.

Trataré de que los cincuenta y tres no defrauden.

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